dc.contributor.authorMartínez Heredia, Nazaret
dc.contributor.authorRoz Faraco, Carmen Cecilia
dc.contributor.authorOlivares Carmona, Karen Michell
dc.date.accessioned2024-01-09T13:37:51Z
dc.date.available2024-01-09T13:37:51Z
dc.date.issued2023
dc.identifier.isbn978-84-1170-301-7
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/20.500.12226/1937
dc.description.abstractLa época del confinamiento por la pandemia ha sido una experiencia que ha marcado y determinado el desarrollo emocional de una generación. Al principio de la experiencia, el caos, y las manifestaciones emocionales rompieron la tarea, sin embargo, era necesaria la organización dentro del hogar. La carencia de espacio físico para desarrollar diversas tareas, la convivencia en espacios reducidos y el cumplir con un objetivo, que para algunos padres durante mucho tiempo fue discutida como el rol del docente en la educación de sus hijos. Dicho confinamiento propició la sustitución de roles educativos durante un tiempo prolongado y no por elección del adulto, en ese momento ellos tomaron ese rol (Vicente-Fernández, Vinader-Segura y Puebla-Martínez, 2020). El hacer los deberes, organizar el tiempo del hacer escolar, explicar las asignaciones enviadas por los docentes y explicar en muchos casos las temáticas al inicio, les permitió experimentar dicho rol y hacer ese acompañamiento. Las familias se convirtieron en figuras fundamentales en el proceso educativo, realizando diversas aportaciones a sus aprendizajes (Cifuentes-Faura, 2020). En el espacio educativo se generan relaciones interpersonales a través de ambientes afectivos determinado la manera en la que cada alumno enfrenta y significa su experiencia escolar (Berger et al., 2009). La ‒ 917 ‒ familia, el docente y el grupo de iguales son un pilar fundamental en el proceso de socialización durante la infancia, dichas interacciones sociales permiten que aprendan a comunicarse, comprender normas y conductas y adquirir valores que permitirán modificar o consolidar muchos aspectos del desarrollo sociopersonal (Gallardo, 2007). Del mismo modo, la comunidad influye en el bienestar y salud mental del educando (Leiva et al., 2021). La pandemia ha determinado un protocolo de contingencia, distanciamiento y restricción que habría podido afectar al bienestar (Valero et al., 2020). El confinamiento puso de manifiesto la necesidad urgente de consolidar vínculos sanos y apego seguro entre los cuidadores primarios y sus hijos. No obstante, gran parte de estos padres y madres no recibieron algún tipo de apoyo u orientación por parte de las instituciones educativas. Por lo anterior, se tuvo desconocimiento sobre estrategias que consideraran un acompañamiento pedagógico efectivo, así como una pedagogía empática que favoreciera no solo los procesos de aprendizaje, sino también el reforzamiento de vínculos sanos. Dicho acompañamiento, es esencial, sobre todo con estudiantes en etapa infantil que se encuentran cursando educación a distancia (Muhdi, Nurkolis y Yuliejantiningsih, 2020; Hurtarte et al., 2020). El uso de modelos empáticos en el proceso educativo, pueden derivar en el aumento de conductas pro sociales, el desarrollo de una sana personalidad, la comprensión del otro y la conciencia de la propia responsabilidad respecto a las decisiones personales (Santana, 2009). Algunas de las estrategias o técnicas que pueden utilizarse para fomentar la pedagogía empática son: uso del juego, especialmente los que fomentan la amistad, comunicación y cooperación; actividades donde se trabaje con un sano autoconcepto y autoestima, se desarrollen habilidades de diálogo y toma de decisiones, sensibilidad social, respeto, relaciones de ayuda, desarrollo moral, expresión de emociones y toma de decisiones; ejercicios reflexivos donde se analicen los prejuicios y estereotipos; proyectos donde se trabaje en valores y se favorezcan conductas pro sociales; además, la pedagogía empática debe considerar prácticas evaluativas que no castiguen, sino que transformen (Ciscart, 1999; Garaigorbil, 2006; Santana, 2009). Actualmente, diversas instituciones educativas han integrado a sus planes curriculares programas para trabajar las ‒ 918 ‒ inteligencias múltiples o la inteligencia emocional. Muchos de estos programas, han tomado como referencia el modelo de inteligencia emocional propuesto por Mayer y Salovey (1990), el cual resalta la importancia de trabajar en cuatro áreas principales enfocadas al aspecto emocional: percepción, asimilación, comprensión y regulación. Por otro lado, Bisquerra (2008) menciona cinco elementos relacionados con la competencia emocional: (1) conciencia emocional, (2) regulación emocional, (3) autonomía emocional, (4) inteligencia interpersonal y, (5) competencias para la vida y el bienestar. Independientemente del modelo o concepto de inteligencia emocional con el que se trabaje, diversos autores han puesto de manifiesto la relación entre la inteligencia y autorregulación emocional y la adquisición de los aprendizajes. Por lo anterior, la formación en competencias emocionales, se considera como esencial para un desarrollo cognitivo, e incluso para una adecuado desarrollo físico, intelectual y moral (Bisquerra y Pérez, 2012). Asimismo, Vera (2019) expone que existe una relación directa entre el proceso de aprendizaje y la experiencia emocional del estudiante, por lo que se requiere de un adecuado ambiente donde se propicie no solo la adquisición de conocimientos, sino también la autorregulación emocional a través de la introspección y la toma de decisiones. En esta investigación nos centraremos en el aspecto emocional de padres/tutores e hijos al momento de realizar el hacer escolar. Existen estudios como (Hernández, 1996; Pérez-Díaz, Rodríguez, y Sánchez Ferrer, 2001; Martín Criado, Río Ruiz y Carvajal Soria, 2014; Ochoa, 2018) que ya reiteraban la falta de empatía de los padres, la carencia de recursos pedagógicos al momento de realizar las labores escolares. Si tomamos en cuenta que la mayoría de los progenitores trabajan, los niños pasan el tiempo en la escuela, y al momento de realizar ese acompañamiento era solo empleado para la realización de los deberes; es un cambio considerable el hecho de explicar; planificar; organizar; entablar un canal entre la escuela; el niño y el hogar; sin tomar en cuenta que también debían de cumplir con sus propias responsabilidades a nivel del hogar, familiar y laboral. Sin embargo, los padres tuvieron que desarrollar un rol activo en la época del confinamiento y suplir en su mayoría de forma empírica todas aquellas necesidades que pudieran surgir para ‒ 919 ‒ llevar de forma adecuada la labor de educar desde casa tal cual lo menciona Vázquez-Soto, Bonilla-Moreno y Acosta-Rosales, 2020.es
dc.language.isoeses
dc.publisherDykinsones
dc.relation.ispartofseriesLa Esfera Universitaria hoy: retos, proyectos de investigación y transferencia de conocimientoes
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional*
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/*
dc.titleEmociones y educación durante la covid-19 en Méxicoes
dc.typebookPartes
dc.description.course2023-24es
dc.page.initial916es
dc.page.final933es
dc.publisher.departmentDepartamento de Magisterio de Educación Infantiles
dc.publisher.facultyFacultad de Ciencias de la Salud y de la Educaciónes
dc.rights.accessRightsopenAccesses
dc.subject.keywordEmociones y educaciónes
dc.subject.keywordCOVID-19es


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