| dc.description.abstract | La película de Pablo Larraín El Conde (2023) muestra a Augusto Pinochet convertido en un vampiro hastiado de su larga existencia, como metáfora de un tipo de poder autoritario perpetuado durante siglos. Analizaremos cómo operan lo fantástico y lo humorístico en el film, donde la comicidad no busca generar alivio ridiculizando al personaje (Baudelaire, 1987), ni pretende redimir haciendo más aceptables los crímenes e injusticias (Berguer, 1998), ni tampoco exorcizarlos mediante el castigo simbólico caníbal (Barba, 2016). Entre los dispositivos humorísticos que se detectan prevalecen el humor negro y el humor grotesco. Estos mecanismos desvelan la articulación del mundo, provocando una sonrisa en lugar de una carcajada liberadora, pues problematizan, un conflicto socio-político sin resolverlo (Connelly, 2015). El humor negro para lograr el efecto humorístico, debe desprenderse de la afectividad y la empatía, es decir, debe evitar “el eterno sentimentalismo sobre fondo azul” (Breton, 1997), apelando por tanto a la razón en lugar de a la emoción (Bergson, 2008). Esto se combina con el humor grotesco o “cómico absoluto” (Baudelaire, 1987) que desde el poder ambivalente y contradictorio genera situaciones irónicas aparentemente incompatibles con la realidad, pero cuya finalidad consiste en señalar una verdad (Portilla, 1984). En este caso, la ironía grotesca denuncia unos hechos históricos, donde lo fantástico pone de relieve aspectos sociopolíticos reales: la impunidad de dictadores y criminales de lesa humanidad como Pinochet. | es |