| dc.description.abstract | Durante las últimas cuatro décadas, en los sistemas educativos occidentales ha habido una eclosión de voces reclamando ampliar la mirada desde el énfasis en las habilidades cognitivas a la preocupación por la dimensión emocional del aprendizaje escolar. Tanto en el terreno de las agencias educativas como en el de los desarrollos teóricos de la Psicología surgieron y se han consolidado nuevos modos de concebir el desarrollo personal y su promoción dentro de la escuela.
Desde que Gardner publicara su Frames of Mind. The theory of Multiple intelligences, en 1983, postulando más inteligencias que las del clásico IQ compuesto por una parte manipulativa y otra verbal, en la psicología se han consolidado los constructos relativos a la inteligencia/competencia emocional. Primero Salovey y Mayer (1990) y después, con mayor éxito divulgativo, Goleman (1995), lanzaron la idea de que los aspectos emocionales podían jugar un papel muy importante en el éxito escolar y en la vida en general. Otros autores, como Denham (2007) o Saarni (1999), han preferido hablar de competencia emocional o, incluso, de competencias emocionales en plural (Riquelme y Montero, 2016), para enfatizar sus diferentes componentes y su mayor semejanza con el constructo de competencia frente al clásico Cociente Intelectual.
La acogida dispensada al nuevo constructo fue tan amplia que enseguida se derivaron aplicaciones a los ámbito educativo y organizacional. Conceptos como la Inteligencia Emocional (IE), el Aprendizaje Socioemocional (ASE) y las Competencias Socioemocionales aparecen en documentos de entidades como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (Özdemir y Babadoğan, 2023). En el ámbito educativo, se empezó a acuñar el término de Aprendizaje Socio-Emocional (SEL) para referirse a las diferentes competencias que se consideraba que podrían enseñarse y aprenderse dentro de la escuela. Una de las iniciativas con mayor éxito en América del Norte fue la que se configuró como CASEL (2024), siglas que hacen referencia a Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning.
Esta comunicación presenta una revisión de las diferentes propuestas teóricas y sus raíces conceptuales, así como las diferentes estrategias que desde ellas se han derivado para el desarrollo de estrategias de intervención (planes formativos, talleres, programas de intervención, etc.). Y ello se hará teniendo en cuenta diferentes planos, organizados alrededor de los distintos niveles educativos (educación infantil y primaria, educación secundaria y educación universitaria) y los participantes implicados (estudiantes, profesores, familias), poniendo especial énfasis en el modo en el que se considera al profesorado: ya como receptor, ya como agente, ya como ambas cosas simultáneamente. | es |